¡CENAR CON GUSTO Y A GUSTO!
Pasear por
Si se visita el barrio, con casi total acierto uno se topa con una Taberna que acaba de sumarse a la aventura hace apenas 4 meses, localizada en el número 1 de la calle Ballesta y con un apellido agradecido. Con su juventud, tal y como quien la regenta, Alberto Gozalo, esta nueva propuesta es ya un referente de la zona. Y es que lejos de un restaurante, un bar, una taberna; Agrado es una parada gustosa para disfrutar de una manera informal y entre amigos –o sólo si se tercia- de unas tostadas en la mañana, unas tapas al mediodía, una merienda o picoteo tras el trabajo “after work o drunch para los más modernos”, o de una cena sofisticada y -si me permitís- hasta romántica.
En la carta, un claro homenaje al sector cárnico – Alberto es un experto en esta materia prima, pues nos comentó que su familia tenía una carnicería, un negocio familiar de generaciones- y ello se
refleja en platos como albóndigas de foie, carpaccio de secreto, hamburguesa de buey cortada a cuchillo, chuletillas villaroy de cordero, entre otros placeres. Pero no sólo son reinas las carnes, uno puede sentirse feliz disfrutado de unos estupendos huevos de oca y pato –siempre en temporada- o un sofisticado caviar de esturión español; o tener un tapeo de primera con su oferta de tostas.
Sin olvidar prestar atención a la pared “pizarra” donde muestras las sugerencias del día y las novedades de la semana. La traducción es “local camaleónico a las horas del día, bocado perfecto para cada momento”.
Mi momento fue la noche y, para la ocasión, mi bocados fueron: tapita de cecina con almendras marcotas tostadas; mi cuit de pato con reducción de Pedro Ximénez y peras al vino –acertada combinación-; presa ibérica “plato de la casa” y añado “ impresionante”, finamente cortada se muestra apetitosa –rosada- y deja ver su aliño en boca “26 horas macerando con Lemon grass, soja, pimienta, lima y jengibre; Villaroy de chuletillas de cordero empanadas “al estilo oriental” y acompañadas de rollitos de riñones envueltos con baicon –la salsa sabrosa, densa, suave-. Este último plato es otro “crack” de su cocina, un crujiente donde la calidad del cordero se aprecia en ternura y paladar. Esta degustación llegó a su fin con el volcán de chocolate, acompañado con profiteroles de nata; que se vieron despedidos con un sorbete de manzana –que yo pensé que era de plátano-. Sin más, un as para guardar y aconsejar a los amigos; su autor, el chef Byron Cunning (Lágrimas Negras, Casa María…).
Y es que aún hay más, en las tardes-noches de los fines de semana entran en juego cócteles de Héctor Monroy –experto coctelero de Global Premiun-; atrevidos, sorprendentes, divertidos y una apuesta segura para disfrutar de las noches del verano. Tengo que decir que me encantó saber esto, probé algunas de las elaboraciones de Héctor en Madrid Fusión y no puedo decir nada más que “a qué esperáis para descubrirlos”.
Otro ingrediente agradable es la decoración, con recuerdos de taberna castiza se muestra con un estilo contemporáneo y donde el rojo y el negro marcan su personalidad, luz tenue. Esto aumenta con la validadlos del servicio, trato amable, correcto y atento; cualquier duda, sólo tienes que preguntar, los chicos de Agrado están a todo. Otro plus que sumar es que cuenta con terraza. ¡Buen apetito!
Taberna Agrado (Calle Ballesta, 1. Tel. 915 216 346)
Precio Medio: 25-35 €
Horario: De 10.00 a las 2 hs de la madrugada
Cierra: domingos























¡Buen aperitivo para quedar bien con los amigos! Fácil y agradecido en boca. Interesante aportación, un truco para la vinagreta: para que no se separen sus eternos rivales –aceite y vinagre-, sólo hay que calentarla un poco al fuego tras su emulsión y listo, con adición de especias.
Otra delicia y, esta vez, con 2 modelos diferentes, el de ayer y el de hoy; mismo sabor, misma textura, pero diferente look. Lucho vistió esta receta tradicional para una gala clásica y para una “de vanguardia”; resaltó que el tópico de que en un restaurante de alta cocina uno se queda con hambre es una falsa percepción, porque al final en estos sitios, el menú es una degustación de sucesivos platos –desde 6 a los 40 del Bulli- donde al final uno acaba llenándose.
Cada uno nos da una magistral “clase a su aire”, pero, esperablemente en todos ha habido no pocos elementos comunes que me parece lo son igualmente en otras muchas profesiones como medicina o derecho o, naturalmente, magisterio. Me refiero a la vocación de ser útil, a la apreciación de las circunstancias y a la sinceridad. Hasta el día de hoy considero que “como personas individuales y, este caso, divulgadores de la buena mesa” debemos tener nuestro estilo propio –cada uno enlazamos las palabras como mejor sabemos-, pero siempre con criterio, bajo el conocimiento y la formación. Al fin y al cabo, el lector comensal quiere saber, conocer y “catar” el producto.
En la presentación intervino
Tras el original acto, y como era de esperar, fue servido en “VX”, que bebimos allí, de pie, charlando unos con otros acerca de lo visto y oído, preguntándonos muchos de nosotros si nos darían luego una botella para “catar” el vino y disfrutarlo en un entorno más favorable para su apreciación. La verdad es que el packaging es muy elegante y original; vestido con tachuelas, "detalle" que se luce en la alta costura y que VX sabe lucir muy bien.
Todo esto, “vaivenes” cosecha de un comentario que leí en Verema donde el protagonista poco favorecido era el VX:
